SALIR CORRIENDO
En ocasiones se nos plantean situaciones que hemos generado, que promovemos, con las que estamos completamente de acuerdo, pero que de algún modo escapan a nuestro control porque tienen vida propia, apuntan a ideas insospechadas que todos tenemos en nuestro inconsciente pero que previamente no hemos revisado y nos sorprenden, es entonces cuando el miedo aparece para declararnos la guerra, para decirnos que estamos en peligro, que de alguna manera hemos de salir corriendo.
No todo está bajo nuestro control, pero hasta donde yo sé, las palabras ajenas no pueden herirte si no les das valor, el problema es que no podemos dejar de otorgar valor a las palabras y antes que el dolor que nos causan, sentimos miedo a tenerlo. Esto, tan solo puede ser una proyección falaz, causada por el pensamiento de fracaso, pero que para nosotros/as dado que la experimentamos, puede ser de lo más real.
También puede ser que no todo esté en nuestra mente, y que haya estímulos que justifiquen esas ganas de no estar en ese lugar, con esas personas, y hacer acopio de fortaleza y ejercicio mental sea en vano, pues existe ese peligro que no controlamos. Es en este momento cuando ayuda bastante salir corriendo. Esfumarse, no estar. Ser pies “¿para que os quiero?”, y huir, estar dispuestos a fracasar. Muy poco se habla del fracaso, de no sostener, de dejar ir aquello que nos está estimulando de una forma negativa o poco agradable.
Lo que ocurre es que no estamos preparados para fracasar, no sabemos hacerlo, no nos han enseñado a navegar la existencia de aquello que va fatal: Debemos sacar buenas notas, conservar un buen trabajo, saber llevar una casa, ser socialmente perfectos con los demás, nos han enseñado que no podemos abandonar cuando las cosas van mal, y lo entendemos como inconstancia, como falta de motivación, como miedo al compromiso, pero nunca como miedo a estímulos que son temibles que nos haría bien dejar atrás.
El fracaso entendido como lo entienden los especialistas del cine, o una especie de declive suave y sin dramas, que es técnico, que no afecta porque es protector de aquello que vendrá, un cambio de sentido en el camino del que anda, un «c’est la vie » existencial que puede hace nuestro andar algo más sencillo cuando nos vemos atrapados por las circunstancias y lo que queremos es escapar.
Pero a veces no hay escapatoria. Estamos viviendo momentos muy convulsos. Convivimos con el miedo y lo sentimos porque no comprendemos las circunstancias ni tampoco tenemos posibilidad de hacernos amigos/as de ellas, o de amarlas. ¿Qué hacer entonces?
No tengo respuestas, aunque sí opiniones. Creo que el mundo interior nos puede ayudar bastante, ya que parece ser que ninguna galaxia lejana a nosotros/as nos ayudará, o eso creo, aunque siempre hay que conservar un lugar para la esperanza, un lugar para la fe, también en los demás. No para los depravados que no se merecen ninguna oportunidad, sino para los justos que dan y reciben amistad, para los que son capaces de generar filia grupal, o individual. Si sentimos ganas de salir corriendo es porque no hemos generado la red grupal adecuada aún, no sentimos que estemos en lugares seguros porque los lugares seguros o inseguros suelen ser los demás, o para ser más precisos, porque aún no confiamos del todo en quien tenemos alrededor. Busquemos a las personas adecuadas, esas que saben generar bienestar y reciprocidad, esas que no juzgan ni pretenden hacerlo, que tienen defectos como tu mismo/a, pero que muestran su lucha por sostener el vínculo con positividad, las que hacen del entorno un bonito lugar por el que pasear quitando hierro, discretamente o no, pero con pasión por el buen hacer.
En resumen, cuando la realidad aterra, encontremos los nexos, las conexiones, que nos sacarán de las ganas de huir, y nos harán florecer pausadamente, sin grandes aspavientos, porque no creo que podamos disipar el miedo combatiendo, sino con la construcción del propio entorno, y a menos que seamos un ermitaño/a, eso habrá de ser con nosotros/as y las personas adecuadas.


Evolucionamos como especie desde la cooperación y el apoyo mutuo, de otra forma moríamos. Por eso resuena mucho esto que escribes hoy, en una sociedad que ha renunciado a su esencia y ha apostado por un individualismo atroz. Pero nuestro interior, que recuerda lo que somos, nos pide volver a establecer esas conexiones.
Pero no me hagas mucho caso, esto te lo escribe un fracasado…